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A 15 años, reabrir el Mexe y su sistema de internado

09/04/2018

 



Inmersos en una severa crisis de todo el sistema de normales y de la política neoliberal de formación de docentes que considera que para ejercer como maestro de educación primaria y secundaria ya no se necesita haber egresado de alguna normal, mucho menos de alguna normal rural, maestros de varias generaciones de la normal rural Luis Villarreal seguimos exigiendo la reapertura del Mexe y su sistema de internado, así como el respeto y fortalecimiento de todas las normales rurales del país. Las posibilidades de lograrlo se ven cercanas aprovechando este periodo electoral, aún más cuando en sus giras por Hidalgo, el candidato de morena Andrés Manuel López Obrador se ha pronunciado que de llegar a la presidencia reabrirá el Mexe. En este artículo, expongo una síntesis de los acontecimientos que llevaron al cierre de esta escuela.
Hace poco más de un siglo, ante la dominación y explotación despiadada de los hacendados, se gestó la revolución mexicana. Esta, movilizó a millones de campesinos e indígenas que liderados por Emiliano Zapata y Francisco Villa lucharon y murieron por obtener una parcela de las haciendas. La consigna de tierra y libertad y el sentido ancestral de comunalidad de nuestros pueblos indígenas fue la que orientó y dirigió por varios años el fervor y la resistencia revolucionaria, que se materializó con el constituyente de 1917, básicamente con los artículos 3° (educación), 27 (la tierra) y 123 (el trabajo).
En ese marco surgieron las Escuelas Centrales Agrícolas, que luego serían escuelas normales rurales. La Escuela del Mexe, fue fundada en 1929 por instrucciones del presidente Plutarco Elías Calles con base en la confiscación de una hacienda porfirista, que usufructuaba las tierras y el trabajo humano de la región con otras haciendas como las de Dos Cerritos, Mixquiahuala, La Estancia y Chicavasco en Actopan, entre otras.
Como normal rural sirvió por décadas a la formación de docentes rurales y fue un detonante cultural para la región del Valle del Mezquital, la sierra, la huasteca y muchas comunidades más del país. Durante varios años, pero sobre todo a partir del periodo de Miguel de la Madrid y la implantación del modelo neoliberal, los sucesivos gobiernos la intentaron cerrar sin lograrlo, como en los años 1997, 2000. En tanto no lograban doblegar la resistencia estudiantil la abandonaron financiera y académicamente para que se fuera deteriorando y la mantuvieron aislada, marginada y asediada.

Durante ese periodo los normalistas enfrentaron una constante y creciente represión del gobierno del estado dejando tras de sí cientos de heridos, presos, expulsados, e incluso fallecidos, como la represión de Matilde en el año de 1994, Actopan, y la del 19 de febrero del año 2000. Cada movimiento tuvo sus héroes anónimos, como sus traidores y mercenarios algunos conocidos y otros anónimos y en cada represión el gobierno contó con la colaboración cómplice de los medios de comunicación e incluso de la Comisión estatal de Derechos humanos quien siempre justificó la represión y los arrestos masivos de estudiantes.

El conflicto estudiantil del 2003 se originó por un burdo pretexto diseñado desde gobierno del estado; un conflicto académico que derivó en el desconocimiento a la planta docente, quienes bajo instrucciones de la SEPH y el SNTE abandonaron la escuela, lo que originó que el gobierno aprovechara las circunstancias para declarar unilateralmente el cierre de la escuela.

Los conflictos internos de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FCSM) que agrupa hasta hoy a las normales rurales del país y a la que perteneció el Mexe no logró superar sus diferencias dejando a esta escuela sola y aislada. Sin embargo, varias normales enviaron contingentes que se trasladaron en muchas ocasiones a pie desde las regiones cercanas burlando el cerco policiaco.

A fines del 2003 el Mexe vivió un cerco policiaco; el gobierno del estado instaló retenes en todos los accesos a la escuela y en los municipios aledaños que permanecieron más de un año revisando todos los autobuses, microbuses y vehículos sospechosos de llevar normalistas. Los habitantes de la región pudimos verlos en Dos Cerritos, Progreso de Obregón, Actopan y Ajacuba, así como en los principales accesos a la entidad aprehendiendo normalistas que venían a apoyar a sus compañeros. Para el efecto, el gobierno estatal coordinó acciones con las policías de todos los municipios circunvecinos. Así mismo, todas las estaciones de radio y la mayoría de periódicos locales participaron en las acciones de difamación, el mismo Congreso del estado justificó el cierre de la escuela sin mayor investigación.

El gobierno estatal sometió a los estudiantes a un asedio constante, operó una política de desgaste, desprestigio, infiltración y vandalismo. Es importante señalar que a la par del movimiento en defensa de la normal, el gobierno actúo con grupos de choque que se dedicaron por las noches a romper vidrios, quemar dormitorios e intimidar alumnos para obligarlos a abandonar la escuela y hacer imposible el retorno a clases.

El Gobernador del estado, Manuel Ángel Núñez Soto, su Secretario de Gobierno Miguel Ángel Osorio Chong y de educación Raúl Gonzales Apaolaza, habían determinado tajantemente dar fin a más de 70 años de existencia de esta escuela, a la que consideraban un foco de rebeldía imposible de controlar. Para ello, contaron con la asesoría y seguimiento directo de Seguridad Nacional y con la colaboración de los partidos de oposición (PRD), cuya fracción parlamentaria en el Congreso del estado convalidó la medida y guardó silencio. Así mismo, con la inmovilidad de la Sección 15 del SNTE, quienes tampoco hicieron declaración alguna en defensa de la escuela.

Trabajaba en favor de la normal un grupo de egresados, disgregados en el territorio nacional, sin estructura estable, fundamentalmente de los estados de Hidalgo, Veracruz, Guanajuato, Oaxaca, Distrito Federal, Estado de México, Querétaro, entre otros. También un sector de la población de los municipios cercanos a la escuela, Los padres de familia tuvieron un efímero trabajo y una gran parte de los estudiantes se había trasladado a la subsede de la ciudad de Pachuca, e incluyendo a una gran parte de la Sociedad de Alumnos, quienes sorpresivamente de un día para otro abandonaban a sus compañeros y aparecían en la subsede arrastrando tras de sí a otros más, generando desánimo entre quienes permanecían firmes en la defensa de la escuela.

Luego de un año de desgaste, represión, traiciones, deserciones, cerco policiaco y constantes aprehensiones, la comisión negociadora integrada por alumnos y egresados fue condicionada por el Gobierno del estado a aceptar la suspensión de la escuela por un periodo de tiempo, o de lo contrario declarar el cierre definitivo. Lo más que la Comisión pudo rescatar en aquellas negociaciones desgastantes generalmente de madrugada, fue que el Gobierno del estado firmara mediante minuta que la escuela abría un receso para revisar mediante foros regionales su funcionamiento y la palabra del Secretario de Gobierno de acatar el resultado de los foros.
Fueron varios meses en los cuales se desarrollaron los foros en las regiones del estado de Hidalgo. Ninguno de ellos se pronunció por el cierre de esta escuela, las conclusiones de los mismos señalaron que había que preservarla, fortalecer su modelo educativo y curricular, así como su sistema de internado y dotarla de un programa de gestión institucional para darle viabilidad como escuela formadora de maestros rurales, así como utilizar de manera óptima sus 42 hectáreas de tierra cultivable. Además, los egresados, alumnos y padres de familia propusimos aquella época un “Plan estratégico” para reabrir la escuela con su sistema de internado que se presentó a gobierno del estado y que fue ignorado. En un marco de mera formalidad con la solo presencia de alumnos, egresados y padres de familia, así como de algunos académicos en una acción rápida a fines de junio del 2004, se dieron a conocer esos resultados. A la par, discretamente faltando a su palabra el gobierno había ganado tiempo y diseñando en secreto la Universidad Politécnica de Francisco I. Madero, la cual fue anunciada en el mes de agosto y puesta a funcionar al inicio del ciclo escolar.
Para ese tiempo, la gran mayoría del Comité estudiantil y activistas ya se habían trasladado a la subsede de Pachuca dejando a la base a la deriva, así mismo, muchos padres de familia habían presionado a sus hijos e hijas a abandonar la escuela. Otro de los grandes males del movimiento han sido sin duda los clásicos “luchadores sociales de dos horas o medio día”, aquellos que se aparecen de vez en cuando y cuando lo hacen exigen cuentas, pero que cuando se trata de cumplir tareas disciplinadamente son expertos en pretextos para irse.

Un día antes en que sería inaugurada la nueva Universidad, cientos de pobladores y egresados nos reunimos en el casco de la escuela para informar de los acontecimientos y determinar acciones. Indignados por la traición del gobierno estatal los pobladores derribando una barda de más de 200 metros que en un solo día había sido construida. Ante esos acontecimientos fue citada una comisión por gobierno del estado para realizar un diálogo que se realizó en la ciudad de Actopan por la noche. Al verse sin argumentos, el enviado del gobierno del estado trasladó la entrevista a palacio de Gobierno, ahí se nos dijo textualmente: “Ustedes siguen pidiendo la reapertura del Mexe, pero el comité ya firmó el acuerdo para la transformación de la escuela normal en universidad politécnica”. Ante ello, la Comisión dejó claro que aun cuando el comité de alumnos hubiera acordado eso, los egresados y el pueblo seguirían exigiendo la reapertura y el cumplimiento de los acuerdos de declarar fin al receso. Fue así como el gobierno suspendió unilateralmente las negociaciones y declaró la creación de la Universidad Politécnica.

Por dos años más los alumnos que resistieron en la subsede de Tepatepec y Mixquiahuala terminaron sus estudios precariamente, cerrando la clausura en las instalaciones de la normal ya convertida en Universidad Politécnica. Así concluyó un periodo histórico de nuestra normal rural que por décadas formó a miles de maestros disgregados en todo el territorio nacional para beneficio de las comunidades más pobres y marginadas de nuestro país.

Por aquellos años, se implantó una reforma al sistema de normales, que precedió a la reforma a planes y programas del 2006, y la del 2011, ahora se anuncia una reforma más a las escuelas normales, que pretende la formación de docentes acordes a la globalización, a la estandarización capitalista ignorando las diferencias regionales, lingüísticas y culturales del país. La lucha “por la educación que necesitamos los mexicanos”, pasa por la defensa del normalismo, en especial por la defensa del normalismo rural, y por el reconocimiento de las condiciones socioculturales y la diversidad de la sociedad mexicana frente a la insistencia de la burguesía apátrida que está imponiendo la estandarización aplastante promovida desde la OCDE. El reconocimiento de nuestro país como nación pluricultural para necesariamente por reconocer por la formación de docentes con pertinencia social y cultural para las comunidades rurales de nuestra patria. 

 

Armando Azpeitia Díaz
armando.azpeitia17@gmail.com
Abril de 2018 

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