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AMLO: premiando a Bonilla luego de desgobernar Baja California



La aún fuerte simpatía popular por López Obrador hace que hechos concretos se acomoden a la imaginación para hacerlos pasar por cuestiones de interpretación o como asuntos secundarios. Así se observa por ejemplo con los funcionarios de la 4T que lejos de cambiarse del PRI o del PAN para asumir una posición de respuesta a demandas populares, han seguido con la misma política neoliberal, ahora con disfraz guinda.

Jaime Bonilla, ciudadano norteamericano miembro del Partido Republicano y simpatizante de Donald Trump, funcionario gringo con un negro historial en Baja California fue diputado, senador, superdelegado y gobernador con la 4T. Los defensores de AMLO decían en Baja California que Bonilla, estaba tergiversando el programa obradorista, que el Presidente no sabía de sus fechorías; pero lejos de esto, Bonilla es un ejemplo claro de lo que se hace llamar 4T.

Las últimas versiones periodísticas hablan de la inminente incorporación de Bonilla al gabinete de López Obrador. Independientemente de la confirmación o no de esta versión, lo cierto es que lejos de “corregir” (desde la concepción de los obradoristas) el rumbo, lo que se vuelve a comprobar es que el tipo de políticos como Bonilla no son una anomalía en la concepción de gobernar de la 4T, sino su ejemplo, su prototipo. Tampoco es un caso aislado.

Ya en el gabinete estuvieron personajes emblemáticos como Alfonso Romo, considerado a principios de los años 90 como uno de los hombres más ricos del mundo, ligado a los grupos de extrema derecha: Opus Dei y Legionarios de Cristo, además de estar ligado con Pedro Aspe, quien fue Secretario de Hacienda de Carlos Salinas de Gortari; Romo está unido familiarmente con la familia de millonarios Garza Sada. Estuvo también trabajando para Fox y en el proyecto imperialista Plan Puebla-Panamá. Este egresado del Tec de Monterrey no solo era un simpatizante de López Obrador, sino promotor abierto e incluso coordinador del Proyecto de Nación de AMLO.

Más allá de las personas en el gobierno, que incluso son de extrema derecha fascista (como el yunquista Manuel Espino), son las políticas capitalistas las que definen el carácter de este gobierno. Para los comunistas, el punto no son solo las personas que “no son fieles seguidores de AMLO”, sino que son precisamente los aplicadores de las directrices que mantienen el control de masas para la ejecución de los proyectos que busca la fracción de la oligarquía financiera que gobierna por medio de López Obrador.

Alfonso Romo estuvo en la Oficina de la Presidencia, Manuel Espino es Comisionado del Servicio de Protección Federal y con otros casos que podemos enumerar, no extraña que Bonilla entre al gabinete.

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