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La CNTE debe corregir el rumbo

A finales de octubre se cumplen 3 años de la primera plática formal entre el Presidente de la República Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE). Luego de 18 encuentros, lo que se proyectaba como un espacio para reorientar la educación pública y mejorar las condiciones laborales de los trabajadores de la educación, se ha convertido en un lastre que limita todo esfuerzo orientado a democratizar al sindicato y la educación.

A la postre, la Mesa de Diálogo se constituyó en una trampa para distraer y entretener a la CNTE, para mediatizar la lucha del magisterio democrático nacional, para pretender institucionalizarla. Mientras el presidente firmaba acuerdos para resarcir los daños ocasionados por el Gobierno de Peña Nieto, desde la Secretaría de Educación Pública (SEP) se imponía y aplicaba la Ley del Sistema para la Carrera para las Maestras y los Maestros (SICAMM) con normas más lesivas contra los derechos laborales y sindicales.

Con el apoyo de sus personeros al interior de la Coordinadora y una brutal campaña mediática, AMLO ha logrado dispersar la resistencia del magisterio democrático nacional. Desde la Cámara de Diputados y a nombre de la sección XXII de Oaxaca, la pandilla de oportunistas que se proclaman “diputados de la CNTE” descalifica cualquier expresión de oposición a la política educativa de la autodenominada Cuarta Transformación (4T).

En otro flanco de la lucha por el control de los trabajadores de la educación y su sindicato (el SNTE), la disputa entre las distintas facciones charras cada vez sube de tono; el relevo en alrededor de 35 secciones se ha convertido en un objetivo de guerra para las huestes de la 4T. El denominado reglamento para la elección de dirigentes del SNTE y su “voto universal” no es más que un instrumento para someter a la cúpula charra, dirigida por el grupo de Alfonso Cepeda, para mantener al SNTE como un sindicato blanco y corporativo, sólo que ahora al servicio de la 4T.

En este escenario, aparte de definir una posición clara sobre la reinstalación de la mesa CNTE-AMLO, de construir el Pliego Petitorio y el Plan de Acción nacional para enfrentar la brutal embestida laboral, la Asamblea Nacional Representativa (ANR) temática de la CNTE a realizarse los días 13 y 14 de noviembre, está obligada a trazar una orientación precisa a las bases del magisterio nacional respecto a los relevos seccionales.

Más allá de que el reglamento se ajusta a la reforma laboral y ambos contravienen al Estatuto, o que participar en el proceso de elecciones a partir del voto universal implique legitimar la ley, la CNTE debe explotar el escenario de los relevos seccionales para agitar, organizar y movilizar a las bases trabajadoras en la lucha contra el charrismo. En cada escuela y delegación sindical, el magisterio democrático está llamado a combatir y disputarle al charrismo sindical las representaciones estatutarias y evitar la imposición de comités seccionales proclives a los intereses del patrón-Estado representado por la 4T.

Si bien la Dirección Política de la Sección VII de Chiapas no se atrevió o no comprendió en su momento que debía ponerse al frente de la CNTE, aun no es tarde para que asuma esa responsabilidad. Sobre todo, porque el magisterio democrático chiapaneco sigue siendo la locomotora capaz de jalonar a las fuerzas más consecuentes en la defensa de los principios y en la lucha por los objetivos estratégicos de la CNTE. La próxima ANR temática, debe sentar las primeras bases es este objetivo.




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